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Al Borde del Sueño

Summary:

El estado inerte de dos naciones hace que ONU y OMS alerten a ciertos países de lo que podría ser una grave epidemia, o eso fue lo que creyeron al principio. Conforme investigan, se dan cuenta de que la situación es mucho más grande para ellos solos. Pronto, todo el continente está enterado de un peligro inminente que podría colocarlos a todos en un profundo coma. Sin embargo, cuando sus búsquedas no arrojan resultados, todos se ven obligados a solicitar la ayuda de las mentes más poderosas del siglo pasado. Ahora no solo tienen que encontrar qué o quién los está atacando, sino que deben cuidar sus espaldas cuando un imperio, una unión y un reino regresan del olvido.

Notes:

Existirán varias referencias históricas que serán utilizadas a lo largo de la novela. Los eventos históricos mencionados serán agregados al inicio de cada capítulo.

Se mantendrá un lenguaje neutral. El uso de coloquialismos será mínimo, esto con la finalidad de evitar un uso equívoco. Los coloquialismos utilizados serán escritos en itálicas.

Chapter 1: Prólogo

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Organización de las Naciones Unidas apreciaba la vida monótona. Él podía ser feliz siguiendo la misma rutina por semanas, meses o, incluso, años. A lo largo de las décadas aprendió que la regularidad en su vida significaba también normalidad. Así tuviera que pasar horas y horas revisando los mismos documentos o viendo a las mismas personalidades en una reunión, estaba tranquilo al saber que no había nada fuera de su lugar. El mundo y las naciones marchaban como debían marchar, y no había ningún problema que requiriera su inmediata atención.

Recibir una llamada de Organización Mundial de la Salud cerca de la media noche rompió con esa monotonía. Además de que el tono que ella utilizó fue lo suficientemente nervioso para despertarle todas las alertas.

Él avanzó con paso firme pero rápido por los pasillos. Por la hora, la única presencia humana ahí era del personal de seguridad, quienes permanecerían en la recepción a menos que Organización de las Naciones Unidas les indicara lo contrario. La ausencia de cuerpos hizo que él pudiera escuchar con mayor facilidad su jadeante respiración y el tambor del latido de su corazón.

Mientras entró en la cabina del elevador y subió hacia el piso médico, intentó analizar cualquier problema del que era consciente que pudo crecer a tal punto de organizar una junta nocturna. Deseó con todas sus fuerzas que no se tratara de una pandemia como la que vivieron años atrás. Solo de recordar el caos en el que se sumergió el mundo, la inestabilidad internacional y el pánico incontrolable le hizo sentirse mareado. Sin embargo, recordó que le dijo a su Organismo que debía darle la información de inmediato si pronosticaba algo similar.

No, la reunión era por otra cosa.

Las puertas de la cabina se abrieron. Al mismo tiempo que caminó hacia la oficina de Organización Mundial de la Salud, captó el sonido de más voces, no solo de esa Organización. Sus alertas empezaron a convertirse en incertidumbre, y luchó en su interior por no caer presa del pánico que comenzó a nacer en su pecho.

En cuanto él abrió la puerta, se encontró con la mirada de todos y cada una de las Organizaciones. Todos llevaron su atención hacia él, cesando sus conversaciones de inmediato. Lo primero de lo que Organización de las Naciones Unidas se percató fue de la expresión preocupada que homogeneizaba los rostros de los presentes.

―Buenas noches ―saludó e hizo lo posible para que su tono fuera neutral―. Desconocía que su presencia fuera requerida también en esta noche.

―Les escribí poco después de tu llamada, ONU ―él escuchó la voz de su Organización médica. La vio abriéndose paso entre los demás hasta terminar enfrente―. Considero que todos deben estar presentes para esta…, situación.

Él dejó de escuchar con claridad sus últimas palabras. Toda su atención se vio atraída por la expresión que la cubría. Era obvio que no hubo dormido en días; las bolsas bajo sus ojos eran una prueba irrefutable. También trató de ocultar un bostezo en el dorso de su mano, pero le fue imposible retener un par de lágrimas por el esfuerzo.

―Dime, por favor, qué es lo que está sucediendo ―él le ordenó―. No recuerdo la última vez que la situación ameritó que todos estuvieran presentes.

Su Organización asintió. ―Primero permíteme mostrarte antes de explicar lo poco que he podido investigar.

Él siguió de cerca a Organización Mundial de la Salud. Las demás Organizaciones caminaron a la misma velocidad detrás de ellos. Organización de las Naciones Unidas no pudo evitar notar que todos y cada uno de ellos poseía una expresión nerviosa; era más que obvio que todos ya conocían la situación actual.

Todos llegaron a uno de los consultorios del piso. En cuanto la Organización médica abrió la puerta y encendió la luz cálida de la habitación, los ojos de Organización de las Naciones Unidas cayeron de inmediato en la escena enfrente.

En medio del consultorio había dos camas colocadas lado a lado, cada una acompañada por utensilios y aparatos médicos que vigilaban los signos vitales de los cuerpos que permanecían aparentemente inconscientes. No le fue difícil descubrir sus identidades a medida que caminó en medio de los dos; para su alivio, la respiración y el monitoreo cardíaco se mostraban normales.

Tanto República de Guatemala como Estado Plurinacional de Bolivia estaban en un estado de total descanso, usando batas médicas, con los párpados cerrados, ambos brazos a sus costados, piernas juntas y un leve movimiento en sus pechos cada vez que respiraban. De manera externa, ninguno de ellos tenía alguna herida física y sus rostros no tenían marcas de estragos importantes en sus tierras.

Era como si solo estuvieran dormidos.

Antes de que él pudiera preguntar por su estado, Organización Mundial de la Salud caminó hacia el costado de República de Guatemala. Con un ademán, le indicó a Organización de las Naciones Unidas que se acercara. Ella levantó la parte baja de su bata hasta descubrir poco más arriba de la rodilla.

Él sintió perder la respiración por varios segundos.

Una mancha, como si hubiera sido hecho con pintura blanca, deslumbraba en el muslo derecho de la nación. Solo para asegurarse, Organización de las Naciones Unidades murmuró un permiso y una disculpa, y acercó su mano hacia la mancha. No sucedió nada. Su Organismo médico rodeó las camas y se acercó a Estado Plurinacional de Bolivia; le levantó el brazo izquierdo hasta presumir su axila, y la misma mancha blanca cubrió su tonalidad verde.

Eso le ayudó a confirmarle las sospechas: sus colores estaban desapareciendo.

―¿Ha surgido un nuevo representante que lo reemplace? ―preguntó él en cuanto se alejó de la nación y su Organización médica bajó su extremidad.

―No ―ella respondió y algunos negaron detrás―. Tú serías el primero en recibir la noticia de algo similar, y ellos…, ONU, todos sabemos cómo se lleva a cabo ese procedimiento.

―¿Qué ha sucedido, entonces? Ellos llevan algún tiempo así, ¿correcto?

Ella asintió. ―Bolivia llegó con Guatemala ayer porque esta se sentía mareada, y tenían miedo de que se tratara de alguna falla. Apenas pude sentarla cuando perdió consciencia. No hubo convulsiones o algún movimiento agresivo, solo se desmayó, pero, hiciéramos lo que hiciésemos, no logramos despertarla. Muy para el pánico de Bolivia, confirmé que su hermana estaba en estado de coma.

»Bolivia permaneció aquí conmigo toda la noche y mañana de hoy. Cerca del mediodía, mientras yo estaba analizando unas muestras de sangre de Guatemala, escuché ruido y encontré a Bolivia inconsciente al lado de la cama de su hermana. No encontré ninguna herida o marca de ataque; igual que Guatemala, Bolivia solo se desmayó, incapaz de ser despertada, así que también declaré su estado de coma.

Organización Mundial de la Salud se acercó a un escritorio de donde sostuvo dos carpetas, una azul y la otra verde. Se las entregó a Organización de las Naciones Unidas y él empezó a leer de inmediato. Eran los expedientes de ambas naciones, y tuvo diversas emociones al ver que todo estaba normal.

―¿Qué noticia hay de sus tierras? ―él preguntó tras cerrar las carpetas― Seguramente hay estragos importantes para que sus colores tengan estas…, reacciones. ¿Recesión, guerra…, algo?

―Nada, ONU ―Organización Mundial del Comercio respondió―. Desde que OMS nos informó, hemos investigado cada área importante de sus tierras. Ya analizamos el comercio, la economía, la salud, el trabajo…, todo. No hay nada de importancia.

―Su gente y sus tierras están bien ―tomó la palabra Banco Mundial―. Es obvio que lo que les está pasando no es resultado de ello; esto les está atacando directamente a sus cuerpos. Ni siquiera es como las fallas.

―No ―Organización Mundial de la Salud volvió a hablar―, no lo es. Los países no se enferman a menos que sea resultado de sus tierras y no tienen marcas de algún ataque. M-me apena mucho aceptar esto, ONU, pero no sé qué es lo que les puede estar pasando. Esto es algo que jamás había visto, no hay literatura similar…

―¿Están muriendo?

La habitación quedó en total silencio ante la pregunta de Fondo Monetario Internacional. Organización de las Naciones Unidas intentó no pensar en ello; sin embargo, lo poco que las Organizaciones le hubieron dicho le hizo pensar lo peor. Claro que, como representante de su puesto, no podía demostrar pánico.

―Debemos investigar más ―respondió después de unos segundos―. Si no encontramos respuesta en sus tierras y gente, extendamos con cautela los testigos con los que podríamos hablar. Si es algo que los está atacando directamente como países, tal vez esos mismos países nos puedan ayudar.

―Hablas de contactar a sus hermanos. ―señaló Organización Mundial del Trabajo.

―No a todos. Lo último que necesitamos es crear pánico, en especial en la región de América Latina. Saben que, si hay una situación ahí, de inmediato se expande con los franco-ingleses, europeos occidentales y exsoviéticos; es prácticamente una tercera parte del globo.

―¿A quiénes contactamos, entonces?

―A los más cercanos geográficamente ―le respondió a Organización Mundial del Comercio―. No hay que descartar la idea de que pueda ser algo de la región, así que preferiría que nuestro primer objetivo sea investigar esa relación. Informen a República del Perú y Estados Unidos Mexicanos a primera hora en la mañana. Nos reuniremos aquí con ellos para explicarles y preguntar si han sentido algo en sí mismos o en sus tierras.

»Imagino que Federación de Rusia se verá involucrado de inmediato; está bien. Solo es importante señalar que ninguno puede comentarlo aún con sus hermanos y amigos, al menos hasta que confirmemos lo que está sucediendo o, en dado caso, necesitemos más ayuda.

―Sí, ONU.

―Entendido.

Entre murmullos y cortas confirmaciones, las Organizaciones salieron del consultorio hasta que solo quedó Organización Mundial de la Salud con él. Ella permaneció con la mirada perdida sobre las dos naciones inertes, sujetando con fuerza las carpetas de sus expedientes y con un constante toqueteo en su pie. Él la sujetó del hombro para intentar distraerle.

―No te martirices―le dijo―. La ignorancia siempre da paso al aprendizaje. Hiciste lo que estaba a tu alcance, ahora vamos todos a descubrir lo que está sucediendo y encontrar una solución.

Ella asintió con lentitud, sin nunca alejar la mirada de las naciones. ―No tienes que mentirme, ONU, tú también tienes un mal presentimiento, ¿verdad?

Él no tuvo la fuerza de contradecirla.

Notes:

¡Hemos regresado! ¿Me han extrañado? Jajaja.

Como lo prometido es deuda, les dije que había un futuro proyecto en construcción, y por fin está aquí. Tal vez ya podrán imaginarse la bomba de drama, sorpresa, agonía y revoltijos que les arrojaré, pero también quiero advertirles de una vez que esta novela será mucho más cruda, gráfica y dolorosa que la precuela (¿Vodka o Tequila?); si bien no es una continuación directa, habrán ciertas cositas de ese primer libro, por si se quieren dar una vueltita por allá.

Estoy muy emocionada por comenzar esta nueva historia, y anhelo leerlos a lo largo de los capítulos. Me despido por el momento, pero aquí me volverán a tener cada cierto tiempo jeje

Nos leemos depsués.