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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-07-19
Words:
2,504
Chapters:
1/1
Kudos:
5
Hits:
220

El arte del desprecio.

Summary:

Dan X Reiji..

Work Text:

Él resopló mientras lo veía hacia arriba; podía oler su perfume, esa colonia tan varonil y elegante que hacía que cualquiera cayera a sus pies; pero él no, aunque ya estaba a su merced, preferiría permanecer sereno, aunque por dentro estaba enojado y fastidiado.

“Asesino” Era la palabra que él imaginariamente le había puesto en la frente. Pero ¿De qué exactamente? ¿Era  solamente el asesino de su familia de hace más de veinte años? ¿Ó era el vengador que hacía justicia? No lo sabía, solamente sabía que no estaba bien lo que ese sujeto hacía.

Así es, no estaba bien lo que Hiroki Dan hacía.

El cabello negro se colocó en cunclillas enfrente de él, sonrió con soberbia, mientras él tenía las manos atadas detrás de la espalda, y las piernas pegadas también atadas con una cuerda. Su boca sellada con cinta para que callara.

No sabía donde estaba, pero parecía un sótano; con las paredes muy bien pintadas y bien aseado.

¿Acaso él sería su siguiente víctima? ¿Ir por la familia completa? Qué más da, ahora mismo le daba igual, aunque lo único que lamentaba; era no poder conseguir las pruebas necesarias que le confirmaran que sí, efectivamente; él era el asesino del cuádruple homicidio de su familia.

Él rió suavemente, incluso se reía con diplomacia; como uno de esos políticos que se preparan para las elecciones presidenciales. Su traje era oscuro,  elegante. Él acercó su mano a su rostro y rozó su mejilla. Reiji no reaccionó; tan solo cerró los ojos.

¿Qué demonios estaba haciendo este sujeto?

—¿De verdad creíste que te dejaría sacar la verdad a la luz, Mano? —le cuestionó de forma burlona—. Lo admito, soy muy admirador de tu trabajo en el laboratorio científico. Pero… —gruñó—. Eres una amenaza para mí, siempre metiéndote donde no debes, sigues investigando aunque ya hayas atrapado al culpable. Eres un tronco difícil de cortar ¿Sabías eso? —le desprendió la cinta de la boca.

—¿Qué me dices de ti? Ó mejor dicho "Usted" señor jefe del departamento de Homicidios… —gruñó mientras arrugaba la frente. Sin duda lo odiaba, no lo había probado aún, pero tenía la certeza de que este hombre asesinó a su familia y era culpable de varias "Desapariciones" —. ¿El vengador? ¿El juez? El justiciero ¿Eso lo hace sentir tan importante? Solo es un loco más que siente placer al matar. No es un héroe —alegó Mano, haciendo a Dan borrar su sonrisa. El mayor suspiró con pesadez.

—¿Y quién ha dicho que me considero como tal? —volvió ha hablar de forma calmada —. Tan solo soy el jefe del departamento de homicidios, no soy ningún vengador de la noche ¿Con quién crees que estás hablando? ¡¿Batman?! —exclamó Burlón —. Sin duda eres muy interesante, Reiji Mano. Siempre haciendo suposiciones. Y lo peor, es que casi siempre aciertas…  eso sin duda hace que me enoje y me intrigue.  Tú, un simple muchachito Sociópata…. siendo el mejor médico forense del país.

—Le recuerdo que tengo 30 años —habló de mala gana —. No soy un niño, ni un muchachito. Soy un adulto —Hiroki soltó una carcajada.

—¡Claro que lo eres! Por supuesto que sí, por eso llevas esa figura de acción a todas partes. Porqué eres un "hombre" —exclamó haciendo énfasis en el aire —.  A puesto que jamás has tenido sexo en tu vida —habló burlón; haciendo a Reiji sonrojarse y ponerse incómodo —. Aunque como dije, de todos los idiotas del Laboratorio de la policía científica. Tú eres el único que sabe hacer un buen trabajo —halabó—. ¿Imagina si trabajaras para mí?  Aunque claro, sabiendo de tus principios, eso sería imposible.

—¿Va ha matarme ó simplemente seguirá hablando de mí? —le cuestionó de mala gana. Dan se encogió de hombros.

—¿Por qué debería matarte? ¿Hiciste algo malo? —habló en un tono malicioso parado aún en cunclillas. Reiji se tensó al ver esa expresión, esa expresión de maldad y satisfacción en su rostro, parecía extasiado —. Aunque eres una piedra en mi camino. No has hecho nada malo. Solo ser una molestia —se incorporó, para después encogerse de hombros —. Así que, te dejaré con vida.

—Me encantaría haberme hecho de la vista gorda contigo; pero tú insististe en que esto pasara. Metiste demasiado la nariz donde no debías, y aunque me encantaría que te costara la vida. Con el tiempo, comencé a forjar mi propio código. Tú tienes el tuyo: "La verdad siempre saldrá a la luz" dejas tus sentimientos de lado, yo también tengo mi propio código. Y según mi código, no has hecho nada malo… —confesó con una sonrisa armoniosa —. Descansa —y diciendo esto, se giró.

“La verdad siempre saldrá a la luz”.  Aunque su código era ridículo, era impresionante y más por la pasión y determinación que le ponía a su trabajo. Ahora mismo, El jefe de Homicidios se encontraba sentado en el escritorio de su oficina viendo un viejo cuadro que se encontraba sobre la superficie de la mesa.

“Hubo un suicidio en la avenida 51”. “Un tiroteo en la avenida 18”. “Apuñalaron a alguien”.  Ese era su día a día en el trabajo, aunque por las noches ó en sus tiempos libres, buscaba presas que merecieran su atención para hacerlos pagar por sus crímenes.  Siempre los castigaba según sus acciones cometidas.  Siempre los juzgaba y se gozaba al hacerlo.

—¿Mataste a alguien? —habló Reiji sentado en el suelo del sótano, aún amordazado.

Había escuchado que unos gritos provenía de arriba de él, en la casa lujosa de Hiroki Dan. Dan venía apenas bajando las escaleras cuándo ese sujeto le dió por hablarle. El cabello negro sonrió orgulloso y caminó hacia el castaño.

—¿Gritó tan fuerte? —le sonrió, recordando con éxtasis lo relajante y placentero que había sido el matarlo —. Tuve que ponerle un pedazo de tela en la boca, no dejaba de gritar mientras le arrancaba el brazo… ¿No comiste tu desayuno? —siempre que se iba al trabajo, le dejaba un tazón con comida enlatada a Reiji junto a él; igual que una botella de agua.

Aunque Reiji quisiera escapar, su mecanismo de seguridad no lo dejaría, Reiji se quedaría aquí para siempre.

—Está bien, ya vi que las atenciones que tengo contigo no son bien recibidas ó no son  lo suficientemente dignas para ti. ¿Qué tal si compro una jaula y te encierro en ella? ¿Estarías más cómodo ahí? —bromeó en lo que Reiji solamente podía quedársele viendo fijamente; mientras una gota de sudor frío bajaba por su frente —. De acuerdo, calma. No haré eso… por ahora —sonrió, como siempre, de forma arrogante.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! —exclamó al ver cómo el maldito sujeto sacaba una jeringa del bolsillo de su pantalón negro de tela.

Dan se aproximó a él a pasos lentos, y aunque Reiji se estremecía, no podría evitarlo. Sabía lo que había en su interior, en el interior de la jeringa; un sedante. El cabello negro se agachó a su altura y penetró la aguja en su cuello, al instante, Reiji cayó rendido al suelo. Dan sonrió; los efectos siempre eran rápidos y eficaces.

—Si sabes lo que era… ¿Por qué actuabas tan sorprendido? —habló para si mismo. Había sedado a Reiji mano. En su defensa, era la única forma de darle un baño..

—¿Qué? —habló un desconcertado Reiji; mientras veía a todos lados alterado ¿Dónde estaba? Esto no se parecía en nada  al horrible y vacío sótano de Dan, parecía una habitación matrimonial lujosa—. ¿Qué hago aquí? —al igual que en el sótano, él no podía moverse, tenía las muñecas atadas; al igual que sus tibias pegadas con cinta transparente

¿Dónde demonios estaba?   Y más importante ¿Dónde demonios estaba el loco del jefe de Homicidios?

—Oh, ya despertaste… —anunció un sujeto con una taza en mano; estaba parado en la orilla de la puerta. Había bañado y vestido a Reiji mano, y ahora lo había metido a su habitación —. Bañarte no fue muy fácil… créeme, pesas casi lo mismo que yo, pero nah…  para eso hago ejercicio… —sonrió con malicia, mientras veía la mirada fulminante del castaño —. Espero que te siente cómoda mi ropa, no tenía nada tuyo conmigo… así que… —se encogió de hombros. Reiji blasfemó su nombre en su mente ¿Ese maldito lo había visto desnudo y tenía la osadía de decírselo?

—¡Bastardo! —alegó el castaño, normalmente no decía esas groserías, pero es lo único que se le venía a la mente. Dan por su parte sonrió satisfecho. El cabello negro caminó hacia él, se sentó en la orilla de la cama y colocó su taza blanca de porcelana en la mesita de noche —. ¡Sin duda eres el peor criminal que he conocido! —alegó viéndolo a su lado.

—¿Por qué…? ¿Por verte desnudo? ¿Qué no haces eso tú todo el tiempo en la morgue? —habló en un tono burlón —. Aunque a decir verdad, verte desnudo, me hizo recordar a la misma sensación de ver a mi primer cuerpo desnudo. Sí, hablo del de ella, tu hermana —habló con pesadez; haciendo a Reiji abrir los ojos como platos ¿Acaso era una maldita broma?  ¿Ese sujeto de verdad quería tocar el tema ahora? Reiji estaba que quería matarlo ¿Cómo se atrevía? Pero estaba a su merced, no podía moverse, tan solo gruñir y fulminarlo con la mirada.

—¡Infeliz! —gruñó mientras lo fulminaba con la mirada. El más alto tan solo se giró a verlo con una expresión neutral, como si sus palabras no le afectaran en lo absoluto.

—Es una lástima, una lástima que no seas mujer. Aunque a decir verdad, las chicas siempre me han parecido algo molestas. Con sus chillidos y lloriqueos. A puesto a que si tú tuvieras sexo; no actuarías como una de ellas. No exagerarías tus emociones… simplemente, no te comportarías así —habló mientras lo veía fijamente y con una expresión siniestra.

Reiji Mano se puso herizo al ver esa expresión ¿Qué demonios le estaba diciendo ese sujeto? El cabello negro se quitó las pantuflas y se  posicionó encima del castaño.

—¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!  ¡Maldito infeliz! —gritó enojado ¿Ahora que pasaba por la cabeza de ese psicópata? ¿No había bastado con matar a su familia? ¿Ahora quería dañarlo de la misma manera que dañó a su hermana?

—A diferencia de ella, tú no tendrás un bebé del cual deba hacerme cargo —exclamó sínico. Reiji abrió los ojos como platos, sí, sin duda quería hacerle el mismo daño que a su hermana mayor. El castaño comenzó a estremecerse, en estos momentos se sentía tan vulnerable y sentimental.

—Calma, cálmate —exclamó mientras secaba sus mejillas mojadas, no tenía idea de que el mejor médico forense fuese así de sensible. Reiji inconscientemente comenzó a sollozar, no quería esto, no quería que esto le pasara —. Será bueno para los dos. Yo probaré una nueva experiencia, y tú… bueno, dejarás de ser virgen… —sonrió de forma amable.

—Espero….y… te vayas… al infierno… —habló con un quebrante tono de voz, mientras sentía que le faltaba la respiración.

—Te contaré un secreto —se acostó encima de él y le susurró en el oído —. Tú y yo ahora mismo estamos en el infierno, Reiji… —rió maliciosamente.

Reiji abrió los ojos como platos ¿Por qué siempre debía actuar como un maldito lunático?

— Pero como sea… hagamos que valga la pena —y diciendo esto, estiró su brazo hasta el cajón de su mesita de noche y sacó una cámara —. Tú vergüenza… a cambio de tu libertad —propusó—. Haremos lo que te digo, me quedo con algo de evidencia y tú con tu libertad.

—Y si vuelves a meter tu nariz donde no deberías, lanzaré esas fotografías desde un helicóptero por toda la ciudad para que la gente las vea… y así, todo mundo podrá ser testigo de tu primera vez —habló de forma arrogante —. Me parece un trato justo… —anunció mientras le iba subiendo la camisa blanca de lino al castaño; dejando todo su pecho descubierto.

Reiji se estremeció al sentir la humedad de la lengua de ese sujeto en su pezón,   aunque lo más incómodo fue el flash de la cámara en su rostro. Aunque le tomara fotografías comprometedoras; sabía que el rostro de Dan no saldría en ninguna de ellas. Lo odiaba, este imbécil destruyó a su familia y ahora trataba de romperlo a él.

Lo estaba molestando como molestó a su hermano en el pasado, y ahora lo estaba agrediendo como agredió a su hermana mayor en el pasado. Lo único que no hacía era matarlo de una vez por todas para acabar con su sufrimiento.

Aunque la peor parte no fue esa, si no, cuando ese sujeto dejó la cámara de lado, se acercó a su rostro y chocó sus fríos y delgados labios con los suyos. Sin duda desagradable.

—Te comportas igual que tu hermana… —le susurró, haciendo que el castaño le lanzara una expresión de desprecio —. Ahora lo más importante —y diciéndo esto, comenzó a despegar la cinta adhesiva de sus tibias para poder bajarle el pantalón de lino blanco.

—¿Ese es el jefe del departamento de Homicidios? —habló Nona al ver entrar por la puerta a su jefe junto al jefe del departamento de Homicidios.

A decir verdad, el jefe Mano se había ido por mucho tiempo y sin decir nada; ya había preocupado a todo el departamento.  La última vez que vió a Hiroki; le pidió que por favor investigara la repentina desaparición del jefe Mano; pero jamás pensó que lo encontraría con vida y que mucho menos lo traería personalmente al laboratorio.

—Buen día —habló el elegante caballero de cabellos negros mientras le ofrecía una sonrisa a la chica. Nona no sabía cómo reaccionar, una parte de ella; quería ir y abrazar a Reiji, pero no podía hacer eso, eso sería raro incluso para el jefe Mano —. Tal y como me lo pediste. Decidí poner manos en el asunto y encontrar a tu jefe.

Nona se acercó a Dan y le hizo una reverencia.

—¡Gracias jefe Hiroki! De verdad se lo agradezco —habló con la cabeza agachada y con una sonrisa, ella no mentiría; estaba a punto de llorar.

Reiji por su parte bufó, esos días fueron una tremenda pesadilla, además de agredirlo de maneras que no quisiera recordar; también lo había fotografíado; aunque claro, esto le daba ventaja.

Él no dejaría escapar a Dan así como así, encontraría las evidencias que lo relacionaran con sus crímenes; aún si eso significaba perder su orgullo en el proceso. Aunque era extraño, si Dan decía conocer su código ¿Acaso no era consiente de que volvería ha investigarlo si lo dejaba en libertad?

El cabello castaño se giró una última vez, solamente para verlo con esa sonrisa orgullosa. Esa maldita sonrisa.

—Nos veremos pronto, jefe Mano —mencionó con una expresión siniestra; haciendo a Reiji abrir los ojos como platos. Lo sabía, la cosa no era simplemente deshacerse de él; era humillarlo y hacerle más daño, y más ahora que estaba marcado por ese sujeto —. Le recomiendo beber calmantes y pastillas para el dolor —sugirió con esa maldita sonrisa arrogante.

Y después de decir eso, Dan se marchó por la puerta.

Fin.